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Los
fabricantes de la guerra
Theo Roncken - Investigador Programa Drogas y Democracia
TNI Website, 1 de octubre de 2001
Hasta ahora no he querido añadir nada de mi parte a los
ríos de palabras e imágenes, análisis, rumores,
verdades, medio verdades y mentiras que sucedieron los atentados
en los Estados Unidos del 11 septiembre. Pero después de
tres semanas veo que hay un tema olvidado en el sótano del
debate que vale la pena rescatar: el de la industria armamentista
que se resucita en las guerras.
En este tiempo los mensajeros oficiales de Bolivia han destacado
el "terrorismo cobarde", el "vil y fundamentalismo"
y sus peligros para la seguridad del mundo libre y civilizado al
cual se considera que pertenece este país. En los medios
de comunicación, el pequeño grupo de críticos
de la arrogante hegemonía estadounidense que no teme exponer
sus ideas en público encuentra su contrapeso en los predicadores
evangelistas quienes nos aseguran con la Biblia en la boca que Iraq,
la Babilonia moderna, sucumbirá de manera inevitable a manos
de la justicia divina.
El autoritarismo dictatorial latente se manifiesta en encuestas
y comentarios que buscan reiniciar el debate sobre la pena de muerte,
presentar como "natural" el control militar al Cumplimiento
de la Ley y ampliar las facultades de los servicios de inteligencia.
La caza de brujas por ahora se introduce sobre todo en el ámbito
nacional vía las páginas internacionales: Vladimiro
Montesinos, el Rasputín peruano, declara desde su cárcel
que Lima es la ciudad de América Latina en donde las células
de Bin Laden toman su descanso. Donna Hrinak, ahora embajadora de
los EE.UU. en Caracas, coloca el coro del problema en las FARC colombianas.
Y Argentina ofrece su territorio para nuevas bases "científicas"
y entrenamientos militares conjuntos para rastrear las pruebas nucleares
y combatir al "narcoterrorismo" que estaría operando
desde la Triple Frontera y en las provincias del norte.
Bolivia, a pesar de estar profundizando su crisis económica
a pasos de gigante, momentáneamente intercambia su difícil
lucha diplomática por las preferencias arancelarias por un
mensaje preliminar de acuerdo verbal con la rebaja de la ayuda estadounidense,
para que "este país pueda fortalecer su presupuesto
para la Seguridad Nacional". ¿De qué seguridad
estamos hablando? ¿Quiénes nos inspiran tanto miedo
y quiénes fomentan esos temores colectivos? Para decirlo
sin pelos en la lengua: ¿Quiénes se ven beneficiados
con los atentados del 11 de septiembre, a pesar de quizás
experimentar a la vez -en casos individuales - sinceras emociones
de repudio?
El intelectual Noam Chomsky escribió en estos días
que "la Defensa es un cubierto delgado para los planes de la
militarización del espacio, y con una buena presentación
pública hasta los argumentos más tontos tendrán
su efecto en un público miedoso" (Znet, 13 de septiembre).
Seamos claros: ya son años que presenciamos -callados o no-
una ola rearmamentista. Los 19 países de la OTAN representan
más del 57% de los gastos militares mundiales, liderados
por los Estados Unidos y seguidos por el Reino Unidos, Francia y
Alemania. Para el público el motivo principal de esta tendencia
está en el terrorismo, los "Estados Criminales"
(y las guerrillas) y el crimen internacional (incluido el narcotráfico).
Ese es el cuento de hadas que nos hace dormir con intranquilidad
y la confirmación de nuestros temores no nos permite identificar
a los actores que se mantienen ocultos detrás de las cortinas
de las políticas de seguridad.
Detrás de los modelos de falsa seguridad, de las acciones
de venganza e intervenciones "humanitarias" se levantan,
como un solo hombre, la Lockheed Martin, la Boeing y la Raytheon,
los tres fabricantes de armas más grandes del mundo, y sus
hermanitos europeos, es decir, los que sobrevivieron la crisis del
sector al finalizarse la Guerra Fría. Las empresas de Estados
Unidos y Europa en su conjunto representan un 90% del mercado mundial
de armas con ventas alrededor de los 140 mil millones de dólares
anuales. La euforia empresarial se esconde cuidadosamente detrás
de un ejército de agentes operativos y de seguridad quienes
a su vez todos comparten la torta.
Entre ellos están, para mencionar algunos, los estrategas
militares, quienes ajustan sus teorías con las lecciones
de la práctica. Están los proveedores de bienes y
servicios para el montaje de los avanzados sistemas de comunicación.
Están los espías y las unidades especiales de intervención
con cada vez más facultades para realizar acciones encubiertas.
Están los operadores del sistema financiero legal y también
están los empresarios de la ilegalidad quienes llenan los
espacios de escombros y caos que dejan las guerras donde quiera.
Y obviamente están los contactos políticos que necesita
cualquier proyecto para poder concretarse.
Con todo y todo hay más que suficientes jugadores para que
nunca se acabe el juego de la guerra. Y para nosotros, los hinchas,
con mala suerte también participantes sin elección,
quiero citar un antiguo proverbio chino: "No distinguimos la
cara verdadera de la montaña Lu porque nos encontramos en
su cumbre."
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